lunes, 23 de febrero de 2009

Antecopretérito


Parece mentira. Yo que me quejaba de las banalidades de la vida y de las incongruencias a la hora del café. Y es que se nota que empieza a hacer buen tiempo. La chaqueta (rota) la dejo en casa y salgo los domingos a desayunar.
El pasado contínuo lo dejamos aparcado.
Esperando a ser analizado.
Desmembrado.
Confuso y difuso como los nuevos precipicios a los que tanto me gusta saltar. Esperando la caída, levantando los brazos, cerrando los ojos, disfrutando e incluso a veces rezando para que, aquello que viene, no duela como promete.

Ensoñaciones vagabundas vespertinas.
Deambulantes, lejanas,
corazones transeúntes de madrugada.

martes, 10 de febrero de 2009

Sunday Drivers

No me acordaba de lo dura que es la vida los lunes por la mañana. Cuando tienes que volver a la rutina semanal, ponerte ropa decente, echar de tu cama al tio de fin de semana (y medio pulmón al toser). Las vacaciones, que duran muy poco. Y menos si no te das cuenta de en qué puto día vives, no sabes cuándo anochece ni cuándo amanece y en la habitación conviven un montón de ropa sucia, un montón de libros por leer (por afición) y un montón de envoltorios de condones.


Bueno, quizá exageré en lo del montón de libros (mueca irónica).
Y te das cuenta de que los lunes deberían ser otro domingo más. Y quizá es por la edad. Que el cuerpo ya no tiene tanto aguante o que estamos mu quemaos.
Pero en el fondo da igual. Es de esas pocas cosas que merecen la pena. Esto, mirar por la ventana con un capuccino caliente, contar batallitas y hacer como que las cosas no importan cuando de verdad te estas mordiendo las uñas desconchadas de esmalte negro.
Y ojo, que no son los nervios.
Será la ansiedad dominguera de lunes.
O no.