Y me susurras al oído los domingos que nunca terminan.
Y aunque no lo recuerde,
no puedo olvidar la sensación.
Esa que me da al mirarte cuando estás al otro extremo de la plaza.
O cuando apareces sonriendo al llegar tarde.
Qué lucha tan interna llevo yo.
Que digo que te quiero
y por dentro pienso: mierda.
Yo que no me quería liar nada más que en un bar...
Pero no me lo expliques.
Y menos un domingo eterno,
de esos de los que no me acuerdo,
pero mataría por volver a tener.
Hace 12 años
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